CAPÍTULO 2 CAMPO DE ALHELÍS

Hola  a todo mundo, como ya deben saber Sora no pudo publicar la semana pasada debido a problemas familiares que por suerte ya se solucionaron. Por lo que esperen pronto la actualización de El nieto de cupido entre mañana y el domingo. Por mientras les dejaré con la actualización de La obligación del lobo. Disfruten.

CAPÍTULO 2 CAMPO DE ALHELÍS
Nahiara

—Nahiara ¿Sabes acaso donde está tu madre? —preguntó mi padre viendo el paisaje que la ventana proporcionada. Su mirada desenfocada parecía buscar algo o a alguien a través de ella. Ese algo o alguien que de seguro ya no existía.

— ¿Te refieres a la madre de Amarok y Fenrir? —le pregunté al hombre con voz calma pero tensa.

—Me refiero a Flora, tu madre—murmuró enojado mi padre sin despegar su mirada de la ventana. Su postura se mostró rígida al momento.

—Ella no es mi madre, mi madre fue…—en movimientos rápidos y certeros mi padre apresó mi garganta con una de sus grandes manos, impidiendo que el aire entrara por mis pulmones.

—Tu madre, Nahira, es y será siempre Flora ¡¿Entendido?! —masculló mi padre con una voz sumamente  peligrosa, mientras apretaba aún más su agarre. Como pude asentí con mi cabeza intentando tranquilizar al hombre y que éste liberara mi garganta. —Bien—dijo mi padre antes de aflojar su agarre. El ansiado aire del que fueron privados mis pulmones regresó con rapidez, provocando que una intensa irritación en la garganta me hiciera toser con desespero.

Urim se sentó sobre la cama y observó con ojos anhelantes un cuadro que reposaba en una de las paredes cercanas. En el cuadro, una mujer de cabellos negros y ojos heterocrómicos de color gris y ámbar sonreía dulcemente mientras sostenía un alhelí amarillo entre sus manos. Su tez pálida la hacía resaltar notablemente del fondo negro del cuadro. Ella sin duda fue una hermosa mujer. Hermosa pero sin una pizca de responsabilidad.

—He estado buscando a tu madre todo el día y no he podido encontrarla—comentó Urim preocupado. La locura tiñendo su voz.

—Padre, ella se fue ya hace tiempo ¿No lo recuerdas? —contesté inflexible y con voz rasposa. —Ella no está aquí padre.

—Mientes, no te creo—gruñó—Ella ama demasiado a Amarok y a Fenrir. Ella no querrá separarse demasiado de ellos, necesitan cuidados y cariños. Dudo que quiera dejarlos desprotegidos, ella los ama.

La ira y el dolor golpearon fuerte mi pecho, puede que Flora haya querido incondicionalmente a Amarok, pero ella nunca fue apta para tener un bebé, menos dos. El cariño a veces no es suficiente para cuidar de un ser vivo.

—Padre entiende…

—Nahiara, el sanador ha llegado—comentó Nikita desde el dintel de la puerta interrumpiendo la perorata que estaba a punto de mascullar. —Será mejor sedarlo.

Asintiendo débilmente salí de los aposentos de mi padre con la preocupación royendo mi pecho. Padre se encontraba cada día peor, su estado mental era más precario que antes. Tiempos difíciles se acercaban a toda marcha, y solo había una persona capaz de detener el conflicto que se avecinaba inmisericorde.

 Con la decisión tomada me dirigí hacia mi habitación, tenía que informar a Amarok de mi llegada.

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Amarok

El pequeño Aurum se removía inquieto entre mis brazos. Su carita estaba roja por el esfuerzo que le resultaba intentar escapar de mí.

—Aurum ¿Qué te pasa amor? —preguntó Nox mientras tomaba al pequeño bebé de entre mis brazos. Aurum sólo se limitó a mirarme con reproche mientras se sostenía con fuerza de mi querido Nox ¿Qué se supone había hecho ahora?

—Sólo está de mal humor—me tranquilizó Nox viendo mi expresión de angustia. —Dale espacio, ya verás cómo pronto querrá estar en brazos de su grande y fuerte papá.

—Eso espero—susurré angustiado viendo la carita de reproche de mi hijo.

—No te aflijas, hoy tenemos miles de cosas por hacer. La pequeña reunión será dentro de un par de minutos, y Nahiara llegará en cualquier momento. Tal vez te encuentras un poco estresado, y Aurum sintió todo ese estrés. Recuerda que los bebés son muy susceptibles a los estados de ánimo.

—Puede ser eso—miré con nostalgia a mi pequeño bebé que ahora jugueteaba con el cabello castaño de Nox. —Será mejor movernos, no queremos dejar esperando mucho tiempo a Marcus.

Aun siendo ignorado por mi pequeño hijo, los tres no dirigimos hacia la sala de reuniones que Nox y Nahiara habían adaptado antes de que este último se fuera. Cuando llegamos, Marcus se encontraba sentado junto con algunos guardias de su confianza.

—Perdón por la tardanza—dijo mi esposo al ver a los hombres sentados en espera de nuestra llegada. —Aurum se puso un poco inquieto.

Marcus con esos ojos inescrutables observó a Aurum fijamente, poco tiempo después compuso una tierna sonrisa y comentó:

—Así que está inquieto, joven príncipe—murmuró haciendo carantoñas a Aurum. Aurum solo lo miró fijamente, como intentado descifrar que era lo que intentaba decir.

—Bien ¿Podemos empezar? —murmuré irritado. Ver a mi hijo intensamente interesando en Marcus; cuando momentos antes había rehuido de mi presencia, me molestaba bastante. Eso y el tremendo escozor que comenzaba a tener en la espalda.

Nox me miró con reproche pero sin decir palabra se sentó en una de las sillas libres. Ignorando la comezón de mi espalda, me senté junto a mi esposo. Con un asentimiento de cabeza, le indiqué a Marcus que podía empezar.

—Alteza, como usted sabrá, la seguridad del castillo es…

Intenté por todos los medios prestar atención a las palabras del capitán de la guardia. Sin embargo, la comezón que en un principio era soportable, poco a poco se hacía cada vez más molesta y difícil de ignorar.  Además, ahora no se limitaba solamente a mi espalda. Mis brazos y pecho empezaban a sentir los mismos síntomas.

Una vez más, intenté ignorar la picazón que poco a poco invadía mi cuerpo. Pero esta, inexorable, seguía afectando cada tramo de mi piel. Desesperado me removí en mi silla, intentado aliviar un poco la molestia con el rozar de la ropa contra mi piel. Esto solo sirvió para aumentar mis ansias por rascar las zonas afectadas.

En un inicio Nox fue el único consiente de mi inusual comportamiento. Pero a causa de mis constantes movimientos y mi clara distracción sobre el tema, todo el mundo comenzó a notar que yo tenía un problema.  Un serio problema.

Sintiendo mi cuerpo en llamas, y sin poder evitar un segundo más la necesidad primaria. Comencé a rascarme como poseso por todos los lugares de piel que mis manos pudieran alcanzar. Nox me miró preocupado y preguntó:

— ¿Qué te sucede Amarok?

—Comezón, mucha comezón—mascullé apenas sin dejar de mover ni un segundo mis manos. La sensación era desesperante.

— ¿Comezón…?—murmuró Nox más para sí que para el resto—Será mejor movernos, tengo que revisarte.

Y haciendo gala de la confianza que  presentaba en situaciones comprometedoras, Nox tomó uno de mis brazos y me arrastró hasta la puerta diciendo—La junta se pospone por… tiempo indefinido. Marcus, nosotros te llamaremos en cuanto tengamos todo controlado.

—Sí, su majestad—sonrió Marcus preocupado.

Y sin esperar otra respuesta, Nox me arrastró hasta nuestras habitaciones con paso veloz. Una vez llegamos mi esposo me obligó a recostarme sobre la cama.

—Quítate la ropa—dijo con voz autoritaria mientras caminaba hasta el pequeño lecho de nuestro hijo para recostar a Aurum. Como no estaba de humor para hacer algún comentario lascivo, me quité la camisa y los pantalones sin rechistar.

Con consternación pude ver que mi cuerpo se encontraba cubierto de ronchas rojas y algunas sangrantes por el continuo y salvaje rascado que le proporcioné a mi piel momentos antes. Nox con ojo crítico observó mi piel, tocando con delicadeza ciertos puntos de  mi dermis.

—Esto se parece mucho a…—susurró Nox— ¿Te acercaste a algún alhelí?

—No que yo recuerde—susurré irritado.

—Parece que es causado por alergias. Lo siento Amarok, aun no puedo tratar alergias—yo solo gruñí molesto. A pesar de que Nox había mejorado notablemente su poder de curación, aun había algunas molestias que no sabía tratar. Entre ellas se encontraban las alergias. Mi esposo no sabía cómo curar algo, cuando tu cuerpo era el que causaba la enfermedad.

—Genial, tal vez por eso Aurum no quería acercarse a mí —susurré. Nox me miró y asintió.

—Voy por los ungüentos, al menos ahora no tienes fiebre—comentó Nox. Yo solo pude suspirar intranquilo. Otra vez los ungüentos. —Amor, si no te acercaste a ningún alhelí entonces ¿Qué causó la alergia?

Inmediatamente la imagen de un Fenrir y Conaire sonriendo maquiavélicamente se vino a mi cabeza. Mis instintos gritaban que esos dos habían sido los culpables, y si de algo estaba seguro es que mis instintos nunca se equivocaban.

—Nox—él me miró expectante mientras aplicaba la pomada—Creo que pronto dejaré de tener hermano—susurré con rabia. Él pareció entender y con una sonrisa en su rostro dijo:

—No seas tan rudo con él—atinó a decir Nox con una pequeña sonrisa en su rostro. — Es tu hermano menor.

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Conaire

— ¿Viste su cara? —exclamé aun entre jadeos. La risa era tan intensa que apenas podía 
hablar. No cabía duda que molestar a Amarok era sumamente interesante. Sus reacciones eran indudablemente divertidas.

—Amarok siempre ha sido fácil de molestar—me contestó Fenrir con voz calma, pero con los ojos bañados en lágrimas por la risa.

— ¿Cuánto tiempo crees que le tomará a Amarok darse cuenta que nosotros fuimos los  culpables? —pregunté. Fenrir me miró intensamente, como sopesando las opciones.

—No quiero admitirlo; pero, puede que ya lo sepa.

— ¡¿Qué?! ¡¿Es en serio?! —pregunté consternado. —Tu hermano es una especie de monstruo.

—Mi hermano sólo es muy intuitivo, y si en algún momento pensó en nosotros, lo más seguro es que relacione el incidente con alguno de los dos. Además, tiene a Nox. Ese hombre es ingenuo, pero no ciego. Por supuesto que pensará que nosotros fuimos los culpables.

—Tienes razón—solté desilusionado. —Lo mejor será huir muy lejos. No quiero lavar ropa todo el día—susurré tapando mis ojos con un uno de mis brazos. No pude evitar imaginar la cara de Elathan cuando se enterara de la pequeña travesura que habíamos hecho. Casi podía escuchar la larga diatriba del hombre, y su sentencia de aburrimiento.

—Yo propongo que disfrutemos de nuestros últimos minutos de vida—Fenrir se levantó rápidamente de donde se hallaba recostado. —Salgamos al pueblo —las palabras de Fenrir me descolocaron momentáneamente.

— ¿Perdón? —miré al enorme hombre con diversión.

—Huyamos por algunas horas—masculló. —Mi hermano ya está enojado con nosotros, no creo que agravemos nuestro castigo con esto.

—Estoy seguro que nuestro castigo será peor si  no nos encuentran. Pero ¿Cómo negar tu petición? —con un rápido salto, me levanté del suelo y extendí mi mano hacia Fenrir—Vamos, tenemos que irnos antes de que nos encuentren.

Fenrir me miró por un corto tiempo antes de tomar mi mano y sonreír arrasadoramente, lo que provocó que mi corazón saltara entusiasmado. Un poco contrariado desvié mi mirada de la de Fenrir y comencé a halar al enorme hombre. Para consternación mía, mi corazón siguió latiendo descontroladamente ante el tacto de Fenrir. Era una sensación tan cálida y al mismo tiempo tan aterradora.

Una sensación de pesadez se instaló en mi estómago, tenía que dejar de pensar en ello, y renunciar a esos sentimientos tan peligrosos. Sin embargo, el simple pensamiento de soltar su mano, era algo doloroso.

— ¿Qué sucede? —La voz de Fenrir me hizo darme cuenta que había detenido mi andar. Sosteniendo una enorme sonrisa contesté:

—Nada malo, sólo estaba indeciso—contesté procurando que mi voz saliera confiada.

—Indeciso de qué—Fenrir alzó una ceja en una señal clara de confusión.

—Quería ir al “río del agua de fuego”, pero la idea de conseguir un pequeño postre en el pueblo es tentadora—mentí a Fenrir.

—Si nos damos prisa podremos visitar ambos lugares y regresar a tiempo por nuestro castigo.

—Lo dices como si fuera algo común—me quejé.

—Pareces un niño pequeño cuando haces ese tipo de pucheros—se burló Fenrir. —Además, sabes muy bien que para nosotros recibir castigos es parte de nuestra vida diaria.

No pude evitar que una ligera carcajada se escapara de mis labios. Fenrir tenía razón, que nos castigaran era normal. De hecho, ya había perdido la cuenta del número de castigos que había recibido desde que llegué al castillo.

—Yo no hice ningún puchero—dije a modo de broma. —Tenemos que irnos; sino, nunca podremos hacer esa doble parada.

Y ahora con una sonrisa verdadera en mi rostro, reanudé mi marcha. Era extraño como Fenrir lograba sacudir mi mundo de esa manera, siendo que nadie había podido hacerlo nunca antes. Con pasos largos y decididos ambos huimos del castillo para pasar una tarde que sin duda sería inolvidable.

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Murmullos, risas y charlas eran el principal tema de sonido que podía percibirse dentro del pueblo. Los olores de comida se esparcían por todo el lugar. La algarabía permanecía en su punto cúspide, ya que el mediodía era la hora más agitada del día.

—Querías comprar algún postres ¿No es así? —me preguntó  Fenrir mientras olfateaba la mezcla de olores y observaba con interés varios puestos.

—Así es, pero cambié de opinión—solté tomando de la mano a Fenrir y corriendo por entre las estrechas callejuelas del pueblo. Una idea genial se había instalado en mi mente.

— ¡Que quieres hacer entonces!—exclamó mientras, sin soltar mi mano, corría detrás de mí.

— ¡Divertirnos! —grité por encima del murmullo de la gente.

— ¡¿Pero qué…?!—fue lo único que pudo decir Fenrir antes de que aumentara mi paso. El chico podía ser un grande y malo lobo, pero yo era sin duda mucho más ágil y rápido que él. Aun corriendo, nos dirigí a aquel lugar que fue mi hogar por tanto tiempo. Contrario a lo que podría pensar cualquiera, ese lugar no me traía malos recuerdos. Es cierto que la época en la que viví en aquel lugar, no estaba en la cúspide de mi vida. Sin embargo, el vivir ahí me dio el valor de seguir adelante…seguir adelante y encontrar un nuevo modo de vida. Por eso mismo, amaba ese lugar.

Con paso rápido, cruzamos totalmente el pueblo de la media noche y entramos a los páramos aledaños del poblado. Los árboles y arbustos crecían en abundancia y con gran robustez. Los murmullos de la gente fueron intercambiados por el suave canto de los pájaros y el rumor de la brisa golpeando las hojas de los árboles. El mismo aire tenía un olor diferente, a tierra  y humedad.

 —Dónde estamos—susurró Fenrir viendo con admiración el fantástico lugar.

—Cerca de mi antiguo hogar—también susurré.

—Antiguo hogar…—pronunció las palabras con confusión.

—Démonos prisa Fenrir, tenemos que recorrer un largo camino para llegar al portal—sin esperar su respuesta, tomé su mano y comencé a guiarlo hacia ese pequeño punto perdido en el tiempo.

Comenzamos con un suave caminar,  que poco a poco aumentamos, hasta estar corriendo por entre los árboles. Fenrir y yo; pronto nos vimos esquivando los árboles, plantas y animales que se interponían en nuestro camino. 

Así estuvimos por algún tiempo, corriendo por entre el follaje. Yo con una sonrisa boba en mi rostro y Fenrir mostrando confusión e interés al mismo tiempo. Sólo detuve nuestro andar cuando pude divisar entre un par de árboles enormes un pequeño prado de alhelís de diversos colores.

—Es por aquí—murmuré señalando el prado de alhelís.

—Este es el lugar donde…

—Vivía—completé. —Aun no lo es, pero este lugar, nos llevará a aquel castillo.

Fenrir me miró por unos segundos antes de regalarme una de esas sonrisas abrazadoras. Extendiendo su mano ofreció su confianza hacia mí. No pudiendo resistirme a su encanto, tomé su mano y lo dirigí hacia el prado. Una vez ahí, arranqué cuidadosamente una de aquellas flores; y conjurando un poco de mi poder, nos transporte al lugar donde mi vida había dado un cambio drástico.

Una vez la magia tocó la flor, esta hizo efecto y el portal se abrió completamente. La clásica sensación de mareo y desorientación invadió mi ser cuando los brazos del portal nos envolvieron. Sosteniendo fuertemente la mano de Fenrir, cerré mis ojos y me dejé llevar. Una suave exclamación, proveniente de mi gran amigo, se alzó entre nosotros. Dándome una clara idea de que Fenrir tuvo una sensación similar a la mía.

Al poco tiempo, la magia que nos invadió para realizar el viaje, poco a poco comenzó a retroceder, simultáneamente que un pequeño estremecimiento causado por el cambio de entorno apareció. Con una enorme sonrisa, abrí mis ojos y observé con burla a Fenrir. El hombre tenía una mueca de desagrado en su rostro. Sus ojos fuertemente cerrados aun no lograban abrirse. Todos sus músculos se mostraban tensos. La risa que escapó de mis labios fue inevitable, provocando que Fenrir abriera sus ojos rápidamente.

—No es divertido—gruñó Fenrir con voz baja. Yo sólo atiné a reír aún más. —Para de reír, es una orden.

—Tú no me puedes ordenar nada—dije airadamente.

—Tienes razón, no puedo. Pero tengo el derecho de intentarlo.

—No lo intentes, mejor prepárate para el recorrido—exclamé con alegría. Y una vez más, tomé su mano entre las mías para comenzar a halarlo.

En poco pasos, ambos estuvimos frente a un castillo viejo y derruido. La vieja construcción seguía siendo la misma desde la última vez que vine aquí. Las paredes frías y avejentadas no perdían su opaco color gris. Las ventanas seguían estando quebradas y llenas de telarañas. La madera de la puerta, mostraba claros signos de deterioro debido a las termitas. Árboles y enredaderas se apropiaron del castillo, creciendo sobre la construcción. Sin duda, el lugar era bastante viejo.

— ¿Qué te parece? —pregunté a Fenrir.

—Bastante viejo—fue lo único que respondió Fenrir.

—Además de lo obvio ¿No te parece mágico el lugar? —extendí mi mano hacia el castillo. Cuando recién llegué, no pude evitar preguntarme la historia que tendría semejante páramo tan viejo. —Acaso no puedes sentir la magia rozar tu cuerpo e invadir lentamente tu mente.

—Que gracioso Conaire—se quejó Fenrir. —Soy un cambiaformas, no puedo ni sentir la magia ni controlar la magia como tú lo harías. —Mi error.

—No importa, el caso es que este lugar está lleno de magia — Fenrir me miró con una ceja enarcada. —Te enseñaré el lugar.

Rápidamente me dirigí hacia la puerta de entrada y con movimientos algo forzados, debido a la edad de la madera, abrí la puerta e invité entrar a Fenrir. El lobo sonrió y se adentró en el castillo. No queriendo perder de vista a Fenrir, entré justo detrás de él.

La sala de bienvenida estaba justo como la había dejado, exceptuando por la capa de polvo que cubría toda la sala. Los pocos muebles que adornaban el lugar eran bastante viejos y rudimentarios. La madera imperaba entre el mobiliario, la fragilidad de los artilugios podía percibirse a simple vista.

Los constantes flujos de magia que podían ser percibidos con facilidad en el exterior, se incrementaban drásticamente, hasta el punto de poder ser vistos momentáneamente como delgados listones de colores. Estos listones danzaban exóticamente. Enredándose y desenredándose entre ellas, fusionándose y formando nuevos y brillantes colores. Los había desde suaves y cálidos, hasta fríos y lúgubres.

— ¡Qué demonios es eso! —la voz de Fenrir se escuchaba temerosa. Sabiendo a que se refería conteste:

—Magia—la respuesta dejó a Fenrir perplejo.

—Pero ¿Cómo puede…?

—Ser vista—completé—Ni siquiera yo lo sé. Desde que llegué aquí, he sido capaz de verla.

—Cómo sabes que es…

—  ¿Magia? Porque puedo sentirla. Cuando uno de esos listones de colores toca mi piel; puedo sentir como rayos de electricidad viajan a través de mis terminaciones nerviosas, una sensación de fortaleza invade mi ser y mi magia se restablece con mayor rapidez cuando me encuentro aquí.

—Esta es la sensación de la magia—murmuró Fenrir extendiendo su mano y tomando entre sus dedos aquellos haces de luces multicolores.

—Me pregunto que habrá pasado—susurré sin despegar mis ojos de la figura de Fenrir.

— ¿Esto pasa en todo el castillo? —pregunto Fenrir.

—Sí, en especial en el templo que resguarda.

—Templo…

—Por extraño que parezca, este lugar viene con templo incluido. Es una ganga, sólo tienes que soportar a las molestas polillas, camas incómodas y constantes invasiones de animales mágicos.

—Veamos el templo—exclamó Fenrir. La sonrisa que compuso era tan grande que no pude negarme a su pedido/mandato.

—Sígueme—respondí mientras me daba la vuelta y me adentraba por los pasillos de la alcazaba, con Fenrir siguiendo mis pasos.

Como era de esperarse para una edificación como aquella, el recinto se veía lúgubre y misterioso. Los sonidos de pasos resonaban por los pasillos, provocados por nuestro despreocupado andar. Las hermosas luces seguían estando presentes alrededor nuestro, haciendo que el pesado ambiente se aligerara un poco.

—Aquí estamos—señalé a Fenrir una vez habíamos llegado frente a la puerta de acceso. —Del otro lado está el templo; es un lugar enorme, pero absolutamente hermoso. Ese fue el lugar donde…—cerré mi boca con rapidez al pensar detenidamente lo que estaba a punto de confesar. Era cierto que ese lugar representaba para mi salvación espiritual; sin embargo, al mismo tiempo estaba repleto de recuerdos dolorosos los cuales no quería compartir con nadie.

— ¿Dónde? —preguntó Fenrir.

—Ven, adentrémonos en el lugar. Las luces son más intensas en el altar—me alejé de Fenrir sin responder su pregunta. Había cosas que él no necesitaba saber, y esa era una de ellas.

Intentando desviar mi atención de Fenrir, fijé mi vista en la  puerta que separaba el templo de la alcazaba. Cuando mi mirada se posó en el portón, no pude evitar pensar que esta se encontraba, aun para gran sorpresa mía, en muy buenas condiciones pese al tiempo que había pasado bajo las inclemencias de la naturaleza. Las líneas que formaban una misteriosa historia, se alzaban y cubrían por completo el material, proporcionándole ese aspecto misterioso y surrealista. Las curvas y complejos ribetes, parecían danzar sobre la madera, similar al baile del fuego sobre la madera crepitante. Los contornos robustos y suaves parecían narrar una historia. Una bella y mágica historia sobre el centro de la magia.

Aun cautivado por el complejo arte de aquel hermoso portón, abrí las pesadas puertas para dar paso a un enorme salón sin ningún rastro de luz exterior. Pese a este hecho, el lugar estaba completamente coloreado de un sinfín de luces coloridas, las cuales acariciaban sensualmente las paredes del templo. Formas extravagantes y totalmente desconocidas eran dibujadas sobre las fortificaciones de piedra; estas permanecían inmutables y, pese a su sombrío color, podía percibirse la vida atravesando cada poro de la piedra. La piedra era el lienzo, y la magia era el pintor de aquellas maravillosas estructuras.

Sin poder perder de vista aquel espectáculo de colores, me adentré en el templo. Repentinamente una franja anaranjada se acercó paulatinamente hacia mi cuerpo, y con movimientos trémulos la magia tocó mi pecho, provocando que una sensación de calidez se instalara en mi corazón. Súbitamente una imagen invadió por completo mis sentidos, haciendo que perdiera un momento la respiración.

Un cielo despejado y un bosque totalmente lleno de vida podían ser apreciados por mis sentidos. Sin embargo, lo que más llamaba mi atención, era el bello y altivo castillo que se alzaba entre estos dos hermosos dioses. Con colores brillantes y atrayentes, la alcazaba parecía exudar vida.

La imagen que llegó de forma tan brusca, se fue con la misma intensidad. Dejando un vacío ya conocido en mí pecho. Los sucesos aunque esperados, no dejaban de sorprenderme nunca.

Sabiendo que Fenrir nunca había experimentado nada semejante, intenté observar de reojo su figura. El hombre se encontraba estático con sólo medio cuerpo dentro del templo, sus ojos denotaban total y completa maravilla. Su rostro era un mar de expresiones de impresión, alegría y desconcierto.

Desviando mi mirada volví a centrar mi mente en el lugar donde nos encontrábamos. Queriendo sentir aquella sensación de nuevo, me acerqué al altar, el cual se posicionaba en el centro del santuario. Los lazos que podían apreciarse alrededor del templo, nacían en el mismísimo altar, haciendo que la luz inundara por completo el ara. Un confort absoluto se situó en mi cuerpo cuando toqué el suave y caliente mármol,  y simultáneamente, una sonrisa surcó mi rostro. Pronto el sonido de pasos comenzó a hacer eco en las paredes del templo, indicando que Fenrir se acercaba hacia donde yo me hallaba.

— ¡Es asombroso! —murmuró con emoción Fenrir, una vez se encontró al lado mío. —No puedo creer que pueda existir algo como esto.

—La magia es una existencia inimaginable, que toma formas fantásticas e impensables. Ella siempre tiene algo nuevo que mostrarnos—susurré.

—Es verdad—contestó en voz baja.

La suave luz que inundaba el templo, nos iluminaba tenuemente y completamente, como si estas buscaran internarse en nuestro ser y encontrar nuestros mayores secretos. Como si estas, se alimentaran de nuestra mera presencia.

Y con una sonrisa boba, ambos nos quedamos observando este hermoso espectáculo, hasta que el día fue despedido por los seres que habitábamos en el  mundo. Hasta que nuestras almas fueron empapadas en su dulce fulgor y desnudadas ante esta asombrosa magia.

**************************

Sin nada más que hacer dentro de la alcazaba; ambos salimos, no sin cierta reticencia, de aquella edificación tan maravillosa, para contemplar el paisaje que nos proporcionaba nuestra madre naturaleza. Una vez afuera, ambos nos sentamos sobre una enorme roca que nos proporcionaba comodidad y la más hermosa vista. 

De forma vertiginosa, la noche se cernió sobre nuestras cabezas. El hermoso sol comenzó a despedirse del mundo con unos suaves y cálidos rayos de luz. La luna, que esperaba ansiosa la partida del astro rey, comenzó a hacer su aparición sobre el cielo. Las estrellas miraban impasibles este fenómeno, fulgurando intensamente, despidiendo al sol y dando la bienvenida a la luna.

El hermoso paisaje del bosque devorando aquel misterioso castillo nos mantenía cautivados. Las palabras sobraban en aquel ambiente mágico. El dulce sonido que traía consigo la noche arrullaba nuestra alma. Repentinamente Fenrir rompió ese silencio con sus palabras.

—El sol es la vida, la luna es la muerte, y las estrellas representan las vidas de los seres mágicos y no mágicos. La diferencia entre las estrellas y nosotros, es que las estrellas reciben con gusto a ambos guardianes.  La muerte y la vida tienen un hermoso balance en el cielo ¿No te parece? Tanto es así, que nosotros deberíamos imitarlas.

La voz nítida de Fenrir prorrumpió el silencio que se había establecido entre los dos. Las palabras dichas como reflejo de su corazón hicieron que mis ideas se atoraran en mi garganta. Los recuerdos comenzaron a intentar abrirse camino hacia mi consiente. Aquellos recuerdos que  había enterrado, hacía muchísimo tiempo.

—Tonterías—no pude evitar murmurar. Aquella pequeña frase que salió de mi boca sólo provocó mayor daño en mi psique.

— ¿Qué dices? —preguntó Fenrir con algo de sorpresa.

—Será mejor irnos. —Por segunda vez en el día, me negué a responder alguna de sus preguntas.

Fenrir me observó críticamente, en un intento de evaluar mi alma. Y sin dar señales de haber averiguado algo, simplemente asintió con su cabeza. Con un suspiro de alivio, me levanté de aquella enorme piedra y comencé a acercarme al portal que nos llevaría de regreso. Sin embargo, la mano cálida de Fenrir detuvo mi andar.

—Pase lo que pase, estaré ahí para ti cuando lo necesites. Escucharé lo que sea.

Soltando mi mano, Fenrir se adelantó al portal, dejándome mudo por la sorpresa. Las lágrimas pugnaban por salir; mas no dejaría que ninguna surcara mi rostro. Suspirando nuevamente tomé un poco de valor y alcancé a Fenrir quien ya se encontraba esperándome en el linde del portal.

—Gracias—susurré en voz muy baja, antes de tomar un alhelí amarillo y verter mi poder en el para transportarnos.

Sin voltear mi mirada hacia Fenrir, agarré su mano y nos dirigí hacia el castillo. Tal vez algún día podría decirle mi secreto a Fenrir. Tal vez él me entendería por completo. Tal vez mi carga se haría menos pesada. Tal vez el me escucharía por completo.

Tal vez, y sólo tal vez Fenrir podría reparar mi corazón.


 Continurará.....
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Notas finales:
Quiero agradecer primero a ustedes lectores por ser tan pacientes con nuestra querida amiga Sora. En verdad estamos agradecidas por su linda y comprensible actitud. 

Además quiero agradecer a Sora y Satara por ayudarme a crear la escena de la alcazaba. Ellas me dieron una idea increíble para narrar dentro de este capítulo. 

Espero que tengan una increíble tarde. 

Comentarios

  1. Hola :)
    Gracias por el capi, buen fin de semana!!!

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  2. Que lindo capi, mil gracias Pergra y besos a todas

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  3. Me alegro de corazón que los problemas de Sora se hayan solucionado.
    También quiero darle las gracias por este nuevo capitulo sjagsfhsfhasf

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  4. Gracias por el nuevo capitulo me ha encantado estoy deseando leer el siguiente capitulo de la historia y mealegro que los problemas personales de Sora se hayan arreglado y poder disfutar de otro capitulo del nieto de cupido, besos

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  5. muchas gracias por el nuevo capitulo a sido estupendo

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  6. Hola gracias por el capitulo , me encantó así como el primer libro. Esperare con mucha impaciencia el próximo capítulo. Gracias y buen fin de semana

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